Mafia, brujería y honor: las sombras que también acompañan a la Copa Africana de Naciones

La Copa Africana de Naciones (CAN) es, para millones de africanos, una celebración de identidad, orgullo y unidad. Sin embargo, detrás del espectáculo futbolístico que paraliza al continente, persisten narrativas incómodas que rara vez se abordan con profundidad: acusaciones de redes de poder informales, prácticas de brujería tradicional y una concepción del honor nacional que, en ocasiones, roza la obsesión colectiva. Hablar de ello no es alimentar estigmas, sino intentar comprender un fenómeno complejo que mezcla cultura, deporte y poder.

El fútbol como territorio de poder

Diversos investigadores en sociología del deporte han señalado que el fútbol en África no es solo un juego, sino un espacio de disputa simbólica y política. El sociólogo sudafricano Ashwin Desai y el historiador deportivo Paul Darby han documentado cómo las federaciones nacionales, los clubes y los grandes torneos se convierten en centros de influencia donde confluyen intereses económicos, políticos y sociales.

En este contexto, la CAN no escapa a dinámicas que algunos analistas describen como redes informales de poder, a veces calificadas popularmente como “mafias”, no en el sentido cinematográfico del crimen organizado clásico, sino como estructuras opacas de influencia, clientelismo y control de decisiones dentro del fútbol.

Informes de organizaciones como Transparency International han advertido en repetidas ocasiones sobre la vulnerabilidad del deporte africano frente a prácticas de corrupción administrativa, amaños de partidos y presiones políticas, especialmente en competiciones de alto impacto continental.

Brujería: entre creencia cultural y acusación recurrente

Uno de los temas más controvertidos en torno a la CAN es la persistente mención de la brujería o prácticas espirituales tradicionales en el entorno del fútbol. Exjugadores, entrenadores y periodistas han relatado, en entrevistas recogidas por medios como BBC Africa, RFI o Jeune Afrique, la presencia de “curanderos”, rituales previos a los partidos o restricciones simbólicas impuestas a los jugadores.

En 2002, el entonces seleccionador de Camerún, Winfried Schäfer, declaró públicamente que había prohibido ciertos rituales en el vestuario para preservar la concentración del equipo. Casos similares se han documentado en selecciones de África occidental y central, donde la frontera entre tradición cultural y superstición deportiva sigue siendo difusa.

La antropóloga Jean Comaroff, especialista en estudios africanos, explica que estas prácticas no deben analizarse desde el sensacionalismo, sino como parte de sistemas de creencias profundamente arraigados, que conviven —a veces en tensión— con el deporte moderno y la ciencia del alto rendimiento.

El honor nacional como presión extrema

En la CAN, perder no siempre es solo perder un partido. En muchos países, la derrota se vive como una afrenta nacional. Jugadores y entrenadores han denunciado amenazas, estigmatización pública e incluso represalias políticas tras eliminaciones tempranas.

El politólogo Peter Alegi, autor de African Soccerscapes, sostiene que el fútbol se ha convertido en un sustituto emocional de otros espacios de representación nacional. Cuando las instituciones fallan, el balón carga con una responsabilidad desproporcionada.

Esta presión extrema alimenta narrativas peligrosas: la búsqueda de culpables, la sospecha de conspiraciones internas y externas, y la legitimación de prácticas “no convencionales” para “defender el honor” del país.

¿Mito, exageración o problema estructural?

No existen pruebas concluyentes de que la brujería determine resultados deportivos ni de que todas las federaciones estén capturadas por redes corruptas. Sin embargo, la reiteración de testimonios, investigaciones periodísticas y estudios académicos apunta a un problema más profundo: la falta de transparencia, profesionalización y rendición de cuentas en parte del ecosistema futbolístico africano.

La Confederación Africana de Fútbol (CAF) ha anunciado en los últimos años reformas en gobernanza y control financiero, en línea con recomendaciones de la FIFA y organismos independientes. No obstante, expertos coinciden en que el cambio cultural es tan importante como el normativo.

Contar África sin romanticismo ni estigmas

Abordar estos temas exige equilibrio. Negarlos por miedo al qué dirán es tan dañino como exagerarlos desde una mirada colonial o sensacionalista. La CAN merece ser analizada con honestidad: celebrando su grandeza, pero también señalando sus contradicciones.

El verdadero honor del fútbol africano no está en rituales ocultos ni en estructuras opacas, sino en la dignidad del juego limpio, la protección de los jugadores y la construcción de instituciones fuertes. Solo así la Copa Africana de Naciones podrá brillar sin sombras y contar, desde África, una historia que no necesite excusas ni silencios.

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